sábado, 18 de febrero de 2017

ES MEJOR SER HONRADO QUE UN LADRON

¿Hay que ser siempre honrados?
TODO el mundo es honrado a veces; muchos, casi siempre. Pero ¿a cuántos conoce usted que se preocupen por ser honrados siempre?

La falta de honradez abunda en diversos campos de la vida moderna. Y eso que la gente sabe lo que Dios piensa del asunto. Por ejemplo, casi todo el mundo se sabe de memoria el mandamiento: “No robarás” (Éxodo 20:15, Biblia de Jerusalén). El problema es que, según muchas personas, hay circunstancias que justifican el robo o alguna otra forma de falta de honradez. Veamos tres excusas comunes.


La pobreza, ¿justifica que se robe?

Un funcionario imperial romano dijo en cierta ocasión que “la pobreza es la madre del delito”. Y sí, puede que una persona pobre se crea con derecho a robar, y habrá quienes quizás hasta le den la razón. Pero ¿qué pensaba Jesús? Por una parte, sabemos que él trataba con mucha compasión a las personas necesitadas; “se compadeció de ellas”, informa la Biblia (Mateo 9:36). No obstante, bajo ninguna circunstancia disculpó el robo. Entonces, ¿qué pueden hacer los pobres?

Pues bien, Dios se compadece de quien sinceramente trata de obedecerlo, y bendice sus esfuerzos por conseguir las cosas básicas (Salmo 37:25). La Biblia promete: “Jehová no hará que el alma del justo padezca hambre, pero rechazará el deseo vehemente de los inicuos” (Proverbios 10:3). ¿Puede una persona pobre confiar en esta promesa? Victorine está convencida de que así es.

Victorine es viuda, tiene cinco hijos en edad escolar y vive en un país en vías de desarrollo donde la ayuda para los pobres es limitada, de modo que su vida no es fácil. Como pasa la mayor parte del día trabajando fuera de casa, se le presentan muchas oportunidades para robar. Pero ella no se siente tentada a hacerlo. Al contrario, trabaja duro como vendedora ambulante para conseguir su sustento básico. ¿Por qué desea ser honrada?

“Primero, porque creo que a Dios le gusta la honradez y que si lo imito me bendecirá. Segundo, mis hijos solo pueden ser honrados si yo les doy el ejemplo.”

¿Y cómo le va? “Tenemos comida, ropa y casa. Claro, ha habido veces en que he tenido que pedir ayuda a mis amigos, como cuando tengo que pagar gastos médicos inesperados. Siempre me han dado lo que necesito porque saben que soy honesta cuando les digo lo que me pasa y que no trato de aprovecharme de su bondad.

”Mis hijos están aprendiendo a ser honrados. Hace poco, una vecina vio unas monedas en la mesa y me preguntó si no tenía miedo de que los niños las tomaran. No me creyó cuando le dije que mis hijos jamás harían una cosa así. Sin que yo lo supiera, decidió ponerlos a prueba, y dejó dos monedas de 100 francos en la casa, donde los niños fácilmente podían hallarlas. Cuando regresó al día siguiente, quedó muy sorprendida al encontrar las monedas donde las había dejado. Para mí es más importante tener hijos honrados que tener muchas cosas materiales.”

“Todo el mundo lo hace”

Robar en el lugar de empleo es muy común, por lo que muchos piensan: “Todo el mundo lo hace, así que, ¿por qué yo no?”. En contraste, la Biblia exhorta: “No debes seguir tras la muchedumbre para fines malos” (Éxodo 23:2). Victoire ha seguido esa exhortación. ¿Le ha ido bien?


Cuando tenía 19 años, consiguió trabajo en una planta procesadora de aceite de palma. Pronto descubrió que las 40 mujeres que trabajaban allí escondían en sus canastos almendras de palma para sacarlas a escondidas de la planta. Luego, cada fin de semana, las vendían y obtenían el equivalente al salario de tres o cuatro días de trabajo. Victoire relata: “Literalmente, todo el mundo lo hacía, y esperaban que yo también lo hiciera. Pero me negué, y les dije que para mí la honradez era importante. Se burlaron de mí, diciendo que era una tonta.

”Cierto día que salíamos de la planta, apareció de repente el administrador y se puso a revisar los canastos. Resulta que en todos encontró almendras, menos en el mío. Las mujeres tuvieron que trabajar dos semanas sin sueldo o fueron despedidas. Quedó claro que yo no era ninguna tonta.”

“El que lo encuentra se lo queda”

¿Qué hace usted cuando se encuentra algo de valor? A muchas personas les invade instantáneamente un sentimiento de propiedad que borra cualquier intención de devolverlo a su dueño. En otras palabras, siguen la filosofía de “el que lo encuentra se lo queda”, y no creen estar haciendo nada malo. “Al fin y al cabo —dicen algunos—, el dueño ya lo dio por perdido, ¿no?” Otros opinan que no tienen por qué estar buscando al dueño, que eso es mucho trabajo.


Pero ¿cómo ve Dios el asunto? Deuteronomio 22:1-3 muestra que, en la antigüedad, quien encontrara algo perdido no podía sencillamente quedárselo; la orden era: “Debes [...] guardarlo hasta que el dueño venga a buscarlo y se lo devuelvas” (La Palabra de Dios para Todos). Además, le convenía informarlo. Si no lo hacía, corría el riesgo de que se le acusara de ladrón (Éxodo 22:9). ¿Será práctico este principio hoy? A Christine no le cabe la menor duda.

Christine es directora de una escuela privada. Un miércoles recibió su sueldo del mes en efectivo y, como es costumbre en África occidental, hizo un rollito con los billetes y los metió en su bolso. Luego paró una mototaxi y salió deprisa para una reunión. Al llegar, buscó en su bolso unas monedas para pagarle al taxista, pero, como estaba oscuro, no se dio cuenta de que los billetes se le cayeron al piso.

Unos minutos después llegó al lugar Blaise, un joven de 19 años que no era de la zona. Por coincidencia, Blaise había quedado en ir con un amigo al mismo sitio adonde fue Christine. Una vez allí, vio el rollo de billetes; lo recogió y se lo echó al bolsillo. Cuando terminó la reunión, le dijo a su amigo que había encontrado algo en la calle, y que si alguien lo había perdido, que lo llamara por teléfono para identificar el objeto.

Al llegar a casa esa noche, Christine casi se desmaya al ver que había perdido su sueldo de todo el mes. La siguiente semana le contó lo ocurrido a su amiga Josephine, y ella le dijo que un joven —Blaise— había encontrado algo el día de la reunión. Christine lo llamó, le dijo exactamente de cuánto eran los billetes, y él le devolvió el dinero. ¡Qué feliz se sintió ella! ¿Y Blaise? Después de guardar aquellos billetes durante una semana, dijo: “Podría haberme quedado con el dinero, pero me sentí mucho mejor por haberlo devuelto”.

¿Por qué se esfuerzan por ser honrados siempre?

Victorine, Victoire y Blaise viven en distintas áreas y no se conocen entre ellos. Sin embargo, tienen algo en común: son testigos de Jehová y defienden lo que la Biblia dice sobre la honradez. De hecho, esperan un nuevo mundo que Dios ha prometido: “Hay nuevos cielos y una nueva tierra que esperamos según su promesa, y en estos la justicia habrá de morar”. Toda la gente que viva entonces será justa y honrada (2 Pedro 3:13).

Victorine tiene pocas esperanzas de que su economía mejore mucho mientras Dios no cambie la situación mundial. Con todo, es espiritualmente rica, algo que no puede conseguirse con dinero. Sus hijos son honrados y de buenos modales. Cada domingo, todos ellos rebosan de felicidad cuando les hablan a sus vecinos de la bondad divina y les explican cómo Dios responderá a “todos los que lo invocan en apego a la verdad” y protegerá “a todos los que lo aman” (Salmo 145:7, 18, 20).

Con el tiempo, Victoire dejó la planta de procesamiento de aceite de palma. Comenzó un negocio propio: en el mercado se puso a vender garri (una clase de harina gruesa hecha de yuca, o mandioca). Su honradez le atrajo muchos clientes. De hecho, pronto pudo reducir la cantidad de horas que pasaba en el mercado y dedicar más tiempo a hablarles a otros sobre la posibilidad de vivir en un mundo donde todos serán honrados. Actualmente está casada, y ella y su esposo sirven de ministros cristianos de tiempo completo.

Christine perdió su dinero frente a un Salón del Reino de los Testigos de Jehová. Blaise, que estaba de visita, no conocía a muchos de los presentes, pero sabía que todos eran sus hermanos cristianos, que siempre procuran ser honrados.
¿A cuántas personas conoce usted que sinceramente se esfuercen por ser honradas siempre? Tan solo imagínese estar con 50, 100 ó 200 personas así. Esa es la feliz experiencia que los testigos de Jehová viven en sus Salones del Reino. ¿Por qué no va al salón y los conoce mejor?
“Para mí es más importante tener hijos honrados que tener muchas cosas materiales.”
¿Justifica Proverbios 6:30 el robo?


Proverbios 6:30 dice: “La gente no desprecia al ladrón simplemente porque comete robo para llenarse el alma cuando tiene hambre”. ¿Disculpa este versículo el robo? Claro que no. El versículo siguiente demuestra que Dios sigue considerando culpable al ladrón, pues aclara: “Pero, cuando sea hallado, lo resarcirá con siete veces la cantidad; todas las cosas valiosas de su casa dará” (Proverbios 6:31). Es cierto que quien roba por hambre tal vez no reciba un castigo tan severo como el que roba por codicia o con la intención de causar daño a la víctima, pero aun así la persona tiene que “resarcir” el daño, es decir, pagar por lo que hizo. De modo que si alguien desea la aprobación de Dios, no puede, bajo ninguna circunstancia, robar.

martes, 14 de febrero de 2017

CHIPS EN HUMANOS

Biohacking: Cada vez son más las personas que se implantan Chips en todo el Mundo

Los microchips más habituales sirven para compartir vídeos, abrir puertas, arrancar el coche, iniciar el ordenador, hacer pagos o desbloquear el móvil.
Ochenta y nueve euros. Eso es todo lo que uno necesita para hacerse con un kit por internet y recibirá en su casa un chip del tamaño de un grano de arroz precargado en una jeringa estéril, una ampolla para desinfectar la piel, unos guantes quirúrgicos, gasas y vendajes estériles para cubrir la pequeña herida que le quedará cuando se lo implante en la mano (en la membrana que tiene entre los dedos pulgar e índice, si sigue las recomendaciones del vendedor).

En dos años se han vendido más de 10.000 de estos kits, y si al principio sólo se interesaban por ellos los aficionados a la electrónica, en el último año los compradores son “un público más general de hackers y aficionados a la informática”, según explica vía correo electrónico Amal Graafstra, el responsable de la firma que los comercializa, Dangerous Things.
¿Y para qué los quieren? Estos implantes son un paso más tras los de uso médico que permiten controlar el ritmo cardiaco, mover el diafragma, liberar insulina o frenar los espasmos del Parkinson por citar solo algunos de los más empleados.

Graafstra usa sus chips para abrir las puertas, desbloquear los teléfonos, iniciar la sesión de sus ordenadores o arrancar el coche con un movimiento de su mano. Y también los aprovecha para compartir datos de contacto, vídeos de YouTube o páginas de Facebook con sus amigos haciéndoles escanear su implante con el lector NFC de sus móviles o tabletas.
“Básicamente la gente se está instalando chips del tipo NFC (tecnología de comunicación de campo cercano) o RFID (identificación por radiofrecuencia) para poder identificarse, interaccionar con determinados objetos o cuantificarse; comenzó un investigador que quería llegar al laboratorio y abrir las puertas sin tener que usar una tarjeta de identificación, y a partir de ahí la gente lo usa para identificarse, transmitir datos o como cartera digital para hacer pagos”, comenta Álvaro Jansa, biólogo, investigador del Grupo de Electrónica Biomédica de la UPF y uno de los impulsores del colectivo DIYBio Barcelona, que promueve la aplicación de la cultura hacker y del do it yourself (o hazlo tú mismo) a la biología.
Explica que, sin ser masivo, el tema de los implantes de chips, de leds a modo de linterna bajo la piel o de tatuajes tecnológicos está en plena expansión porque la tecnología se ha hecho más pequeña, facilita este tipo de dispositivos, y la gente se anima a probar. Lo que comenzó como mero experimento hoy se ha convertido en la moda de biohacking –entendido como la auto-optimización del cuerpo humano mediante las posibilidades que ofrece la biología y la técnica– y en algunos países ya se distribuyen o instalan estos dispositivos en los sitios dedicados a realizar tatuajes y piercings.

 También hay entidades que promueven su uso. En abril, el Atlético Tigre –un club de fútbol de la primera división argentina–, propuso a sus socios implantarse un chip bajo la piel para poder acceder al estadio con sólo acercar su cuerpo al lector, sin tener que mostrar carnet alguno. Y durante la Mini Maker Faire BCN 2016, que se celebró en febrero en CosmoCaixa, uno de los principales fabricantes de placas electrónicas ofrecía e instalaba NFCs a los visitantes.


CADA VEZ MÁS OPCIONES
A los implantes NFC o RFID, que apenas difieren de los chips de identificación que se ponen a los animales de compañía o en las etiquetas antirrobo, se suman muchas otras propuestas comerciales, como el North Sense, un chip a modo de brújula que se coloca en la piel como un piercing, que funciona por Bluetooth y transmite una vibración cuando uno se dirige al norte, otorgando así a la persona una especie de sexto sentido, el de la orientación.
También se venden ya pegatinas y tatuajes digitales que incorporan un circuito flexible, que puede decorarse con el logo de una compañía o de un acontecimiento, y que se puede programar a modo de tarjeta monedero para realizar pagos o con sensores para captar constantes vitales, por ejemplo. Pero para la comunidad hacker y biohacker, que gusta de hacer sus propios productos, existen en la red manuales que describen prototipos o la fabricación de otros muchos dispositivos cibernéticos que pueden implantarse en el organismo para ampliar las capacidades humanas o convertir el propio cuerpo en un dispositivo tecnológico que sirva incluso de tarjeta de crédito.
Jansa apunta que este tipo de implantes no tienen ninguna supervisión ni control, son “ilegales”, porque la comunidad grinder o biopunk –que es como denominan a la gente que decide implantarse– no pregunta al sistema, sino que considera que el individuo es libre de hacer lo que considere oportuno y funcionan mucho por autoexperimentación.

NO EXENTO DE RIESGOS
Advierte, no obstante, que su instalación no es trivial y puede presentar problemas de seguridad y compatibilidad. De entrada, de seguridad física, pues los chips requieren una cirugía menor y una mala instalación o una mala sutura puede acabar provocando rechazo, infección, cicatrices… Pero también de seguridad informática, pues “una mala instalación puede llevar a un error grave en el sistema y aquí no hay opción de formatear o recuperar un backup”, y para retirar el chip se requiere otra cirugía, apunta Jansa.
Y agrega que “los sistemas de cifrado utilizados pueden ser pobres o tener bugs (errores), de modo que pueden aparecer casos de robo de identidades digitales”.
El Grupo Europeo de Ética en Ciencia y Nuevas Tecnologías (EGE) ya advertía en el 2005, en un dictamen sobre los aspectos éticos de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) implantados en el cuerpo humano que dirigió a la Comisión Europea, que las aplicaciones no médicas de los implantes TIC debían regularse porque “son una amenaza potencial para la dignidad humana y la sociedad democrática”, porque pueden servir para “localizar a las personas y obtener acceso a la información almacenada en los dispositivos sin el permiso de quienes se los implantan”, o ser utilizados para mejorar las capacidades físicas o mentales creando “una sociedad de dos clases” y ampliando la brecha entre los países industrializados y el resto del mundo.
Desde entonces el EGE ha emitido otras muchas recomendaciones y ha solicitado una regulación europea del biohacking, ya que mientras que los implantes y dispositivos médicos están ampliamente regulados, los que se usan para otras aplicaciones no.
La subdirectora del Observatorio de Bioética y Derecho de la UB, Itziar de Lecuona, asegura que caminamos hacia una tecnología que nos simplifica la vida y que cada vez es más de consumo directo, pero que al mismo tiempo deja a las personas más expuestas en términos de intimidad y libertad. “Que la tecnología sea accesible como promueve el biohacking es atractivo, y que la gente se implante un chip para identificarse en su trabajo no es malo, pero quienes se entusiasman con la tecnología como una mejora en su vida deben tener claro que siempre tiene un coste, y que el precio es la privacidad; junto a la idea de que con un chip todo será más cómodo de valorar que el chip va asociado a unos datos que dicen mucho más de ti que una tarjeta de identidad, y que una vez conectado siempre hay un tercero que accede a esa información y tiene un patrón de tus comportamientos y actividad, desde lo más minimo hasta lo más importante”, opina De Lecuona.
Fuente: Protestante Digital




 

jueves, 9 de febrero de 2017

" SINGAPUR LA CIUDAD DEL FUTURO "



Un laboratorio viviente. Una de las ciudades con el metro cuadrado más caro del mundo. Un paritorio empresarial que alumbró más de 30.000 startups en la última década. Una nación que ha multiplicado por 200 su PIB de la mano del discreto y pragmático Lee Kuon Yew, abogado sindicalista que impulsó la economía del país durante más de 30 años de gobierno. Una isla escrupulosa en la que tirar basura a la calle se multa con 1.300 euros y la vergüenza de llevar un cartel que reza Soy un guarro. Un campo de pruebas de apps, robótica y vehículos sin conductor. Singapur, autoproclamada Nación Inteligente, persigue una visión ambiciosa y poética: alcanzar al futuro antes de que este llegue. Misión en la que, según sus ideólogos, se han embarcado con el único objetivo de mejorar la vida de sus ciudadanos. ¿Qué sucede en Singapur?
actual primer ministro de la nación, presentó el proyecto SmartNation. Políticos, empresarios y arquitectos de todo el mundo atendieron al modelo de ciudad hiperconectada y feliz que exponía el dirigente: "Queremos una nación donde la gente tenga vidas plenas, donde la tecnología elimine problemas y ofrezca oportunidades increíbles para todos", anunció. "Los efectos tienen que verse en la vida diaria". Los casi seis millones de habitantes de la Ciudad León, significado de Singapur en malayo, escucharon el mensaje desde sus casas. Les quedaba esperar y comprobar cuánta parte de la retórica se hacía realidad.

Casi dos años después "hay mucho tangible": "Para Singapur, SmartNation era un paso natural", afirma el arquitecto Alfonso Vegara, cónsul honorario del país asiático en Madrid, director de la Fundación Metrópoli y persona que siente la isla como una "segunda casa". Las promesas cumplidas, asegura, se explican por la dinámica reciente e histórica del país: "Durante la última década, Singapur ha apostado por la innovación intensiva. Además, viene de 50 años de crecimiento brutal". Como recuerda el diplomático, en los sesenta, recién separada de Malasia, lo único que Singapur podía ofrecer era mano de obra barata. La mercancía más básica que posee cualquier país.
Ahora, la nación asiática exporta su tecnología y metodología a los países más avanzados. Es también uno de los nodos de inversión en startups más importantes del mundo. Por sus calles, más de 40.000 jóvenes portan sensores en la ropa que indican la temperatura corporal, las previsiones de lluvia o las rutas más despejadas. Los niños juegan con drones en escuelas donde aprenden a programar videojuegos. La isla, en 50 años, ha doblado el PIB per cápita de España. El de Indonesia, uno de sus vecinos, es 16 veces menor. Lo único que no planea cambiar en Singapur es el Merlión, guardián de la ciudad, mitad pez mitad león. Es de piedra maciza y todavía sigue siendo el mismo.


País sin obstáculos

La agilidad manda en la isla. Allí las trabas logísticas y burocráticas son pocas. Tanto para montar una empresa como para construir un edificio. "Una licencia de obras, si se lleva todo reglado, se puede tramitar en ocho horas", ejemplifica Vegara, "y no en ciento y pico días, como pasa en otras ciudades europeas". La centralización legislativa permite al país ser "muy operativo cuando hay que acelerar", remacha. O dicho en palabras del primer ministro: "Se puede vender una compañía en 15 minutos en la red o solicitar visados o pasaportes online. Y toda la gente se toma esto con normalidad; es cómo funcionan las cosas en Singapur".
ampliar fotoAlfonso Vegara, arquitecto, cónsul honorario de Singapur en Madrid y presidente de la Fundación Metrópoli. KIKE PARA
"Desde hace diez años, Singapur identifica y forma talento. Es una economía intensiva en innovación", dice Vegara. Alrededor de la mitad de las startups de los países del sudeste asiático (más de 600 millones de habitantes) adquiridas por sociedades financieras nacieron en Singapur. A su desarrollo influye que la base de datos gubernamental sea de libre acceso, un mar de oportunidades para los expertos en big data que auxilian a las empresas.
El dinero, la otra pata del despegue singapurense, fluye. De los 65.000 millones de euros todavía por aprobar del último presupuesto, 13.000 millones están destinados a desarrollo económico y 530 millones a la organización a cargo de SmartNation. ¿Cuáles son las dianas de esta inversión?


Niños y robots en las aulas

Pepper, un androide blanco y alto con un aire a C-3PO, recita la fábula La tortuga y la liebre a estudiantes de preescolar. NAO, su compañero bajito, ameniza las lecciones bailando y respondiendo preguntas. Los dos cíborgs forman parte de una iniciativa piloto en las escuelas de Singapur, en la que el gobierno y la Universidad Tecnológica de Nanyang están probando ayudantes humanoides para "explorar el uso de robots sociables en la infancia a través de los juegos colaborativos", según explicó Yaacob Ibrahim, ministro de Comunicaciones e Información, a la prensa local.

El sistema Code@SG enseña a más de 100.000 alumnos de entre seis y 12 años a programar. Los escolares cuentan con profesores con más de 15 años de experiencia escribiendo código, hardware diverso (desde el dron BB8 de Star Wars a ordenadores de bolsillo y smartphones Android) y softwares específicos de enseñanza (Scratch al inicio y Phyton en las fases finales) ¿Sus creaciones? Videojuegos a la altura de los mejores arcades, robots, música digital e historias animadas.
Los alumnos más pequeños viven su primer acercamiento a la robótica a los tres años: el programa Playmaker se aplica a 10.000 alumnos de hasta seis años para que conozcan los rudimentos del pensamiento computacional y comiencen a interactuar con robots como Kibo y Bee-Bot.


Hacia una movilidad sin conductores

En la isla, matricular un vehículo es tan caro que la mayoría de la gente declina esta opción. Si un coche cuesta unos 40.000 euros su licencia puede rondar los 50.000. Aún así reducir el parque móvil es una de las obsesiones del gobierno de Singapur, que busca pasar de casi un millón de vehículos a 300.000. Por ahora apunta hacia el coche autónomo compartido como camino a explorar, una vía que reduciría los kilómetros recorridos y la contaminación. Ya están en pruebas.

Los primeros en echar a rodar han sido seis taxis autónomos de la empresa estadounidense nuTonomy, unos vehículos teledirigidos que circulan por cuatro kilómetros cuadrados de la zona empresarial One North. El modelo, un híbrido entre un Renault Zoe y un Mitsubishi i-MiEV Electrics, cuenta con láseres de detección y dos cámaras para localizar obstáculos. Cuando el servicio se estandarice, solo habrá que pedirlo con una app y esperar a que el chófer invisible aparezca. "Los taxis representan un 3% del parque móvil pero cubren el 18% de los trayectos. Es muy diferente usar un coche una hora al día por una única persona y que el resto del día esté aparcado a que continuamente esté llevando gente de un lado a otro", comenta a EL PAÍS Gerhard Schmitt, director del Centro de Arquitectura ETH de Singapur, que observa el tráfico a diario aunque vive a caballo entre Zúrich y la isla.
Monitorizado por más de 1.000 sensores, el millón de coches que circula por Singapur es gestionado con datos recolectados en tiempo real. "El Congestion charge lleva unos 20 años vigente. Cuando el tráfico es fluido no hay peaje, y cuando está congestionado se activa: es una regulación vía precio que se ha exportado o adoptado en varias ciudades, incluida Londres", explica Vegara.


33.000 investigadores

Desde que Singapur aprobara su primer Plan Tecnológico Nacional, en 1991, la nación ha invertido unos 26.000 millones de euros en investigación científica y tecnología. Y el número de investigadores, actualmente unos 33.000, se ha duplicado en los últimos diez años.
Una política que ha cristalizado en los centros Fusionopolis 1 y 2, un complejo de 30 hectáreas enclavado en el distrito de One North consagrado a las ciencias físicas y la ingeniería. Junto al pionero Biopolis, el hub en ciencias biomédicas, son terreno fértil para la comunión de lo público y lo privado.
Desarrollo de nuevos materiales, fotónica del silicio, centros de datos, tecnologías de almacenamiento y nano fabricación son algunas de las investigaciones que tienen lugar en Fusionopolis. Además de un gran objetivo: mejorar la vida de los ciudadanos en el hogar. En los 13 edificios de Biopolis reside la iniciativa POLARIS, que trabaja en la puntera medicina genómica. Los estudios se centran en los millones de datos que aporta la secuenciación del ADN. En ellos puede estar la clave para un diagnóstico precoz de enfermedades como la tuberculosis o el cáncer, o la llave para identificar las cepas bacterianas más resistentes a los medicamentos.


El oasis de One North

En One North, un ecosistema de startups al que el cónsul Vegara ayudó a nacer hace diez años, hay apps de todos los colores. Algunas figuran de forma oficial en la web del proyecto, como MyResponder, que alerta a los vecinos cuando a un enfermo del corazón le da un infarto o BeeLine, que combina opciones públicas y privadas para calcular las mejores rutas de transporte. Y al lado de estas empresas primerizas, mano a mano, grandes corporaciones como Facebook y Google despliegan sus tentáculos en busca de ideas que absorber o rentabilizar. El intercambio es continuo y beneficioso para ambas partes.
Y el secreto está, según Vegara, en la educación y la colaboración.
“Lo más relevante del proyecto de Singapur es su condición de laboratorio experimental”, dice el cónsul. Allí impera la colaboración inteligente con los mejores del mundo: según Vegara, el plan consiste en contratar a las empresas más prestigiosas para que lleven a cabo proyectos junto a las compañías locales. Una estrategia de excelencia “poderosísima”, califica. Y una serie de acciones que le ha valido a Singapur alzarse durante cinco años consecutivos como la segunda economía más competitiva del mundo (por detrás de Suiza en 2016) según el prestigioso ranking publicado en The Competitiveness Report, elaborado por el Foro Económico Mundial.


Una carrera inacabable

La isla no vende una colección de avances aislados ni de gadgets efectistas. Ofrece al mundo su receta para volver inteligente y sostenible una nación. "Las tecnologías usadas en Singapur no son muy diferentes de las definidas en Europay otras partes del mundo. Sin embargo, están implementadas y mantenidas de una forma más completa y estable, con las consecuencias que eso conlleva", dice el profesor Schmitt.
"Pronto los robots serán más numerosos que los propios seres humanos y replicarán muchas de nuestras funciones. Los coches autónomos los son, y también los drones que mucha gente usa en su tiempo libre. Y dentro de poco aparecerán exoesqueletos", predice. La diferencia, según Schmitt, es que "aquí ya está ocurriendo".
Con tecnología, método, educación y espíritu, Singapur sigue corriendo para adelantar al futuro: "Vamos mucho más allá de la iluminación inteligente de las calles, la recolección de la basura o la eficiencia del tráfico urbano. Queremos usar la tecnología de manera holística para mejorar la vida de todos los habitantes". Y el ciudadano es el principio y fin de esa visión.